11. Efectos psicológicos de realizar un aborto
Rachel M. MacNair
”Sueño con fetos, como todos los que estamos aquí: sueños de abortos,
uno tras otro, de baldes de sangre salpicados por las paredes; árboles colmados
de fetos gateando”. Así habló Sallie Tisdale sobre el tiempo en que trabajó
como enfermera en una clínica de abortos. En un artículo para la revista
Harper, ella escribió acerca de un sueño en el que dos hombres la sujetaron y
la arrastraron a la fuerza.
”Hagamos un aborto”, dijeron con una nauseabunda mirada lasciva. Yo
empecé a gritar, estaba sumergida en una visión de succiones, de dolores
chirriantes, de ser extendida y desmembrada por una serie de instrumentos que
cumplen la función para la que fueron hechos.
Desperté casi sin poder respirar e imaginé mesas de cocina y percheros, agujas
de tejer manchadas de sangre y a mujeres que en soledad apretaban almohadas en
sus bocas para evitar que sus gritos perforen las paredes de sus departamentos.
No es un trabajo ni fácil ni agradable. “Hay momentos de cansancio,
sombríos momentos en los que creo no poder aguantar un recipiente más lleno de
restos sangrientos, en que no creo poder pronunciar alguna otra clase de frase
de consuelo”, escribió. “...me preparo para el siguiente recipiente, para otra
breve y áspera pérdida.’¿Cómo aguantas?’ Hasta las pacientes preguntan...
observo desinflarse el abdomen hinchado de una mujer en tan sólo unos momentos
y mi propio estómago se estremece de dolor, de pesar”.
¿Cuál es el impacto emocional en las personas que realizan abortos?
Quienes los hacen han escrito y dicho lo suficiente como para mostrar que no se
trata de un procedimiento médico cualquiera.
Algunos, como Tisdale, tienen pesadillas. Otros sufren muchos de los síntomas
asociados con el Desorden de Estrés Posttraumático (PTSD), alguna vez llamado
“neurosis de guerra” y “fatiga de batalla”. La práctica de la medicina, de
curar, no debería dar pesadillas, no debería causar una neurosis de guerra.
A continuación, se citarán solamente a doctores pro-opción, enfermeras y
publicaciones médicas oficiales, salvo los dos médicos citados al final. Sus
creencias de que lidiar constantemente con el aborto es una inusual y
significativa fuente de estrés, más que la medicina ordinaria, de ninguna
manera proviene de la oposición al aborto.
Sus traumas Es notable la poca atención y estudio prestado a los
médicos, enfermeras, consejeros y demás trabajadores de las clínicas abortivas.
Sólo se han realizado dos estudios que observan una gran cantidad de personas,
y fueron hechos por investigadores que no trabajaban en el campo del aborto. El
primero (de M. SuchBaer), apareció en Social Casework en 1974 y el otro (de K.
M. Roe) apareció en Social Science and Medicine en 1989.
Ambos estudios fueron realizados por personas a favor del aborto legal,
no obstante lo cual, ambos notan la alta frecuencia de los síntomas que se
enmarcan en la condición conocida hoy como Desorden de Estrés Postraumático
(PTSD). El estudio publicado en 1974, antes de que se adoptara el término,
describe que “eran frecuentes los pensamientos obsesivos sobre el aborto,
depresiones, fatiga, ira, baja autoestima y problemas de identidad. El complejo
sintomático fue considerado un ‘desorden reactivo transitorio’, similar a la
‘fatiga de batalla’”.
El otro estudio mostró síntomas similares: “Los periodos ambivalentes se
caracterizaban por una variedad de sentimientos otrora poco comunes y un
comportamiento que incluía aislamiento de los colegas, resistencia a ir al
trabajo, falta de energía, impaciencia con los clientes y un sentimiento de
desasosiego general. Pesadillas, imágenes que no se iban y preocupación eran
elementos comunes. También era común la profunda y solitaria intimidad en la
que los médicos se enfrascaban para afrontar esta ambivalencia.
Todavía no puede afirmarse que los médicos abortistas sufren de PTSD
porque realizan abortos. Es difícil de probar: Puede ser difícil determinar
quien y quien no está realizando abortos; aquellos que han sufrido más ya
pueden haber dejado la práctica; puede ser que las personas que han sufrido
eventos traumáticos en el pasado están más inclinados a participar de los abortos;
finalmente, el debate político actual puede afectar la manera en como percibe
la gente su trabajo. Sin embargo, la evidencia recogida hasta el momento
muestra que se necesitan más estudios.
American Medical News, una revista publicada por la Asociación Médica
Americana, señaló que las discusiones en el taller de la Federación Nacional
del Aborto “iluminan un aspecto poco conocido del debate sobre el aborto: los
sentimientos de conflicto que afectan a muchos proveedores... La idea de que
las enfermeras, doctores, consejeros y los demás trabajadores en este campo
sienten escrúpulos de que el trabajo que realizan es un secreto muy bien
guardado”.
Entre las historias Una enfermera que había trabajado en una clínica
abortista durante menos de un año dijo que sus peores momentos no aparecían en
la sala de operaciones sino después. Muchas veces, dijo, las mujeres que acaban
de someterse a un aborto se echaban en la sala de recuperación y lloraban, “He
matado a mi hijo. Acabo de matar a mi hijo...”. “No sé qué decirle a estas
mujeres”, dijo la enfermera al grupo.
“Una parte de mí piensa, ‘Tal vez tienen razón’”.
Un doctor en Nuevo México admitió que...
A veces se sorprendía por la ira que un aborto tardío podía provocarle.
Por un lado, dijo el médico, está molesto con la mujer. “Pero paradójicamente”,
añadió, “Tengo sentimientos de molestia hacia mí por sentirme bien al apretar
el tope de la cabeza del bebé, por sentirme bien por haber realizado un
procedimiento técnicamente bueno que destruye al feto, que mata un bebé”.
Casi todo negativo
El estudio Such-Baer, hecho en 1974, un año después de la legalización
del aborto en todo el país gracias a Roe vs Wade, reportó que “casi todos los
profesionales involucrados en trabajos abortivos reaccionaban con sentimientos
negativos”. Quienes tienen contacto con los residuos fetales tienen mayores
sentimientos negativos que aquellos que no entablan contacto, y su reacción no
varía mucho: “Todas las reacciones emocionales fueron unánimemente,
extremadamente negativas”.
El más grande estudio publicado incluía entrevistas a 130 “trabajadores
del aborto” en San Francisco entre enero de 1984 y marzo de 1985. Los autores
no esperaban encontrar lo que encontraron.
“Particularmente sorprendente fue el hecho del malestar de los médicos que
apoyaban fervientemente el derecho al aborto y que expresaban un gran
compromiso con su trabajo”, anotaron. “Este hallazgo preliminar sugirió que
incluso aquellos que apoyan el derecho de una mujer a eliminar un embarazo,
pueden estar luchando con una fuerte tensión entre sus creencias formales y la
experiencia en su trabajo con el aborto”.
Como reacción, los investigadores decidieron “entrevistar solo a médicos
que se consideraban pro-opción y que estaban comprometidos a continuar con su
labor por lo menos durante seis meses”. Creyeron que estas personas, “en tanto
libres de sentimientos preexistentes de anti-opción y resistentes a su potencial
influencia, proveerían datos valiosos sobre los dilemas y dinámicas del trabajo
en el aborto legal”.
Esto redujo la muestra a 105 trabajadores.
Setenta y siete por ciento de ellos habló del tema del aborto como un
acto destructivo, de la destrucción de algo vivo. Sobre el asesinato: “No se
esperaba que salga este tema entre médicos pro opción, sin embargo, el
dieciocho por ciento habló de él cuando habló de su participación en el aborto
en algún punto de la entrevista. Este tema tendía a surgir lentamente en las
entrevistas y era siempre presentado con una evidente incomodidad”.
Incluso Tisdale, que aún creía en el aborto, admitió la ambigüedad de
realizarlos. El aborto, dijo, “es el límite más estrecho entre la amabilidad y
la crueldad. Hecho de la mejor manera posible, sigue habiendo violencia
–violencia misericordiosa–, como darle muerte a un animal sufriente ...es una
dulce brutalidad la que aquí practicamos, con dura y amorosa frialdad”.
El estrés parece crecer en la medida en que el no nacido se desarrolla.
“Mientras el embarazo avanza, la idea del aborto se vuelve más y más repugnante
para muchas personas, incluso para el personal médico”, dijo un doctor
abortista llamado Don Sloan en un libro que apoyaba vigorosamente la necesidad
de la legalización del aborto. Como respuesta, “Los médicos intentan
divorciarse del método”. Luego de describir el procedimiento de gráficamente,
incluyendo la necesidad de revisar las partes del cuerpo para asegurarse de que
todo el feto haya sido removido del útero, concluyó diciendo: “¿Quieres
abortar? Paga el precio. Hay un viejo dicho en medicina: Si quieres trabajar en
la cocina, tendrás que romper algún huevo. El horno se calienta. Prepárate para
quemarte”.
Los abortos en una etapa avanzada del embarazo ofrecen “un inusual dilema”, dijo Warren Hern, especialista en abortos, en un trabajo para la Asociación de Médicos de Planned Parenthood. Los doctores y enfermeras que los realizan tienen “fuertes reservas personales acerca de participar en una operación que ellos ven como destructiva y violenta”. Explicó sus reacciones de la siguiente manera:
Parte de nuestra herencia cultural y tal vez biológica retrocede ante
una operación destructiva de una manera muy similar a la nuestra, incluso
cuando sabemos que el acto tiene un efecto positivo en una persona viva. Nadie
que no haya realizado este procedimiento puede saber cómo es o lo que
significa; pero habiéndolo hecho, quedamos perplejos ante las posibilidades de
interpretación. Hemos alcanzado un punto en esta tecnología en particular, en
el que no hay posibilidad de negar el acto de destrucción del operante. Está
frente a nuestros ojos. Las sensaciones de desmembramiento fluyen a través de
los fórceps como una corriente eléctrica...Mientras más parece que solucionamos
el problema, más espinoso se vuelve.
Pesadillas
Pero son los sueños de los médicos los más nos pueden decir al respecto.
Los malos sueños son tan comunes que su mención, aunque sea pequeña, puede
esperarse en casi todas las presentaciones sobre el tema de las reacciones
emocionales de los trabajadores que realizan abortos en un clínica abortiva.
Muchos de ellos dejaron de realizar abortos porque se convencieron de estaba
mal, gracias a sus sueños sobre abortos.
Los reportes varían respecto del número de trabajadores que sufrían de
pesadillas relacionadas con el aborto: Un estudio del Dr. Hern señala que solo
dos de 23 trabajadores reportaron pesadillas sobre el aborto, mientras que una
noticia sobre abortos en embarazos avanzados aparecida en ObGyn News dijo que
un cuarto de los trabajadores soñaban con abortos. Tisdale dijo que en su
centro médico todos tenían esos sueños, pero eso probablemente haya sido una
licencia poética. ¿Cómo son estos sueños? Tisdale habló de sueños de “sangre salpicada
en las paredes” y “árboles repletos de fetos gateando”, así como de su propia
violación. Otro escritor habló sobre una enfermera que soñó que “estaba
metiendo un bebé por la boca de un jarrón [de antigüedades]. El bebé la miraba
con una expresión suplicante. Había un aro blanco alrededor del jarrón. Ella
interpretó esto como la representación de las demás enfermeras observando su
acto y condenándolo”.
Él llegó a la conclusión de que su sueño (el de ella) “muestra que inconscientemente
el acto de abortar se experimentó como un acto de asesinato. Debe notarse que
esta enfermera estaba absolutamente involucrada e intelectualmente comprometida
con la nueva ley del aborto. Tuvo una reacción típica. Sin importar la religión
u orientación filosófica de cada quien, la visión inconsciente del aborto
permanece igual. Esto es lo más significativo de todo lo que se aprendió en
estas sesiones”. (Esta historia apareció en un editorial de Obstetricia y Ginecología,
que argumentaba que los trabajadores de centros abortistas deben ser alentados
a hablar sobre sus problemas para que sigan realizando su trabajo).
American Medical News reportó lo siguiente del taller de la Federación
Nacional del Aborto: “Ellos [quienes realizan o ayudan a realizar abortos] se
preguntan si es que el feto siente dolor. Hablan sobre el alma y a donde va. Y
acerca de sus sueños, en los que los fetos abortados los miran con ojos de
ancianos (ancient eyes) y con sus manos y pies perfectamente desarrollados
preguntándoles, ‘¿Por qué? ¿Por qué me hiciste esto?’”.
Un informe presentado a la Asociación de Médicos de Planned Parenthood
describió los sueños de dos personas que soñaron que “vomitaban fetos, junto
con un sentimiento de horror”. Los escritores concluyeron, “En general, parece
que mientras mayor es el contacto físico y visual (de los doctores y
enfermeras), se experimenta mayor estrés. Esto es evidente tanto en el estrés
consciente cuanto en las manifestaciones inconscientes como los sueños. Por lo
menos, los dos individuos que reportaron varios sueños significativos
desempeñaban estos roles”.
Explicaciones alternativas
¿Cómo podemos dar cuenta de los problemas de los médicos, especialmente
de su sueños? Puede ser que sea así como la mente humana responde a una
matanza, como se ha sugerido en otros grupos de personas que matan. Quienes
creen que el aborto es un asesinato, y que matar a otro ser humano es algo que
pocas personas pueden hacer de manera natural, encontrará plausible esta
explicación.
Pero científicos sociales ofrecen otras dos explicaciones. Una de ellas
dice que las personas sufren de agotamiento, como tantos en las profesiones de
ayuda. Es por ello un problema más fácil de resolver, ya que requiere solo de
vacaciones y rotación de responsabilidades.
Considerando el alto volumen y la alta velocidad de los abortos, puede ser
que sí estén agotados, lo cual no quita que sufran de conciencia o también
PTSD. Más aún, el agotamiento no explica sus sueños.
La otra explicación es que las personas responden negativamente por un
primitivo o infantil mal entendimiento de los hechos. El editorial en
Obstetricia y Ginecología antes citado dijo que “el niño mezcla inevitablemente
la realidad con la fantasía. Incapaz de conceptuar todo el proceso en términos
sofisticados, el niño piensa en términos concretos. Visualizó un ‘huevo’ en ‘el
estómago’ y cree que un bebé formado se desarrolla desde el principio, creciendo
por nueve meses hasta llegar a ser un infante de tamaño completo”.
Este autor cree que esta es la manera de explicar los sueños. No obstante
los adultos entienden la reproducción, “las fantasías primitivas permanecen en
el inconsciente... Por tanto, incluso quienes están intelectualmente
comprometidos con el aborto tienen que luchar contra la visión de un feto como
un bebé real que tiene su propio inconsciente.
El trauma emocional observado en estas enfermeras fue el resultado de un
conflicto entre su compromiso intelectual, por un lado, y sus posturas inconscientes
por el otro. En su interior, tienen la experiencia de haber participado en un
asesinato”.
Si el ver al feto como un bebé es un mero producto de la imaginación, un
símbolo o una sobresimplificación, la solución es simple. La mejor manera de
enfrentar una fantasía es mostrando la realidad. La tecnología moderna nos ha
provisto de fotografías de embriones y fetos en cada etapa de su desarrollo, y
los sonogramas muestran sus movimientos en tiempo real. Pero esta técnica no
parece ser útil a la hora de reducir los síntomas de los que sufren los que
trabajan con abortos, como otro editorial titulado “Advertencias de Impactos Psicológicos
Negativos de la Sonografía en el Aborto”, mostraba en 1986.
Una advertencia
Los defensores del aborto creen que es un tipo de medicina. Quienes se
oponen creen que es asesinato. Si el aborto se trata de quitar una vida humana,
algunos o muchos de los que los realizan sufrirían ciertas consecuencias
psicológicas asociadas con el trauma causado por dañar a otros. Si no
encontramos tales consecuencias, el caso de que el aborto no es violencia de
ningún tipo se ve fortalecido. Si es que hay consecuencias, se fortalece el
caso de que hay violencia. La evidencia anecdótica y tales estudios sugieren,
como nosotros lo hemos hecho, que algunos de los que realizan abortos sufren
daños psicológicos; que realizar abortos tiene esas consecuencias.
Tal vez los sueños sean una advertencia. De serlo, esas pesadillas pueden
ser una bendición. Bernard Nathanson, hablando del tiempo en que era un pionero
en preparar centros abortistas, recuerda haber sido abordado por la esposa de
un médico en un cocktail. “Me llevó a un lado y me habló muy agitada acerca de
las cada vez más frecuentes pesadillas de su esposo. Él le había confesado a su
esposa que sus sueños estaban plagados de niños y sangre, y que luego se había obsesionado
con la idea de que alguna justicia terrible se impondría sobre sus hijos como
pago por lo que estaba haciendo”. Estos sueños y sentimientos pueden haber sido
una advertencia de su conciencia para que no siga.
El ex doctor abortista McArthur Hill ha hablado acerca de cómo él intentaba
salvar bebés prematuros y cómo luego encontró que los bebés que había abortado
eran más grandes que los prematuros que había salvado.
Fue ahí cuando empecé a tener pesadillas ...En mis pesadillas, yo recibía
a un saludable recién nacido. Luego tomaba a ese saludable recién nacido y lo
cargaba. Estaba frente a un jurado de gente sin rostro y les preguntaba qué
hacer con ese bebé. Ellos tenían que mostrar el dedo pulgar hacia arriba o
hacia abajo, y si mostraban el pulgar hacia abajo, yo tenía que soltar el bebé
dentro de una balde lleno de agua que estaba en el suelo. Nunca llegué a soltar
al bebé porque siempre me despertaba en ese momento.
El doctor Hill, eventualmente, despertó a la realidad de lo que estaba
haciendo. Otros también lo han hecho. Si es verdad que las pesadillas de los
médicos abortistas y otros síntomas resultan de su trabajo, como lo sugieren
las evidencias, habrán muchos otros médicos abortistas que serán llevados por
sus sueños a escuchar la voz de sus conciencias y dejarán de ayudar en la
matanza de los no nacidos.
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