domingo, 22 de julio de 2012

Dios puede restaurar tu matrimonio


¿Separarse? Esa idea jamás pasó por la mente de María Angélica hasta esa mañana en la que, después de tomar el café, su esposo la enfrentó con decisión, el ceño fruncido y aspereza en sus palabras: Esta relación ya no funciona—le dijo.
El mundo entero se hundió bajo sus pies. Nunca concibió el divorcio como una alternativa. Si bien admitía que las cosas no marchaban como antes, razonaba que llegarían tiempos mejores.
Hablaré con un abogado amigo. Creo que el asunto puede resolverse sin mayores traumatismos—concluyó al tiempo que cerraba la puerta con violencia, dejando tras de sí una estela de incertidumbre y dolor.
El desayuno quedó a medio consumir. El silencio se apoderó del lugar. La mujer enfrentó una concatenación de sentimientos encontrados: rabia, desilusión, ganas de renunciar a todo.
Le parecía imposible que después de  cinco años de matrimonio, con las imágenes todavía frescas del día de la boda, de pronto todo se rompiera sin mayores explicaciones. ¿Tendría su esposo una amante? O sencillamente se había cansado de ella.
Ese fue el comienzo de una intensa búsqueda de posibles soluciones.
Alguien le recomendó los servicios de una bruja; una ex compañera de estudios le aconsejó presionar jurídicamente a su marido hasta dejarlo sin un peso, y una vecina—la de enfrente de su apartamento—le sugirió buscar ayuda en Dios.
En la congregación oramos por las necesidades. Le invito para que nos acompañe los jueves en las noches. No dudo que Dios resolverá su problema—explicó.
 Aún cuando al principio dudo e incluso, fue a la iglesia con marcado escepticismo, en medio de su desesperación comenzó a creer.
Al principio nada parecía ocurrir. Todo lucía igual y pensó que empeoraba. Pero tres semanas después las circunstancias comenzaron a ceder. Por primera vez en mucho tiempo su esposo llegó a casa sin reñir. La agresividad de sus palabras disminuyó. Era menos hostil.
María Angélica persistía en la oración.  Siete meses después la situación había retornado a la normalidad. Hasta tal punto fue sorprendente el cambio que su esposo insistió un jueves, recién llegó del trabajo, para acompañarla al templo:
Quiero ver qué dicen y qué hacen allí—le dijo sonriente.
Hoy los dos representan una pareja que tiene a Jesucristo como el centro de su hogar. ¡Dios respondió a las oraciones de María Angélica!

El poder de la oración
Muchas personas desconocen el poder que se desencadena cuando oramos a Dios en procura de milagros.
Nuestro Supremo hacedor puede cambiar las circunstancias contrarias. Recuerde: El dividió el mar Rojo e hizo caer los muros de Jericó. ¿Acaso le será imposible sanar a un enfermo o quizá restablecer un matrimonio que amenaza con romper pronto?
En la Biblia leemos: “En cuanto  a mi, a Dios clamaré; y Jehová me salvará. Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz; El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, aunque contra mi haya muchos”(Salmo 55:16-18).
Tres elementos importantes
El autor revela varios aspectos interesantes: El primero, que cuando viene el problema va a Dios en clamor y oración. Segundo, que tiene la certeza –como la debemos tener nosotros—de que Dios nos escucha y responderá a las oraciones. “…y Jehová me salvará”. El tercero, la necesidad de perseverar.
Dios tiene su propio reloj y calendario, y por tanto, sus tiempos son diferentes de los nuestros. El responderá en el momento indicado. La clave es perseverar. “Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz”.
Tres elementos que le invitamos a asumir bajo la convicción de que Dios se manifestará gloriosamente, obrando milagros en cualquier situación que usted lleve a Su presencia.
© Fernando Alexis Jiménez. Pastor del Ministerio de Evangelismo y Misiones “Heraldos de la Palabra”. Email:  fernando@adorador.com

jueves, 19 de julio de 2012

Mi Convivencia Teológica: Nuevos libros destacados

Mi Convivencia Teológica: Nuevos libros destacados: La Hermenéutica  por M S Terry. Un libro clásico de la interpretación de la Biblia La soberania de Dios  por Arthur W Pink. Muestra la doctr...

lunes, 2 de julio de 2012

Etica en las epístolas universales


ENSEÑANZA ÉTICA DE LAS EPÍSTOLAS

                                              LLAMADAS UNIVERSALES


1.    La epístola de Santiago

               El carácter de la enseñanza ética de Santiago: corre paralela a su enseñanza teológica y podríamos definirla de la manera siguiente:

A) Es aparentemente judaica. Dejar, propone la teo­ría de que Santiago escribía a judíos inconversos, con el fin de recomendarles la ética cristiana. Aduce las siguientes evi­dencias:

     (a) Su estilo recuerda el del Antiguo Testamento, espe­cialmente el de los profetas y de Proverbios 8 (3:17).

     (b) Los ejemplos de buena conducta son personajes del A.T. (5:11-17), en vez del ejemplo de Cristo, en contraste con lo que dice Pedro (1.a Ped. 2:13-24) y Hebreos (12:1-2).

     (c) La ausencia de referencias a la doctrina cristiana, sobre todo en lo que se refiere a Jesucristo y al Espíritu Santo.

     (d) La aparente contradicción con el resto del N.T. sobre la relación entre la fe y las obras.

     (e) La falta de relación entre la ética y la doctrina espe­cíficamente cristiana.


B) En realidad, su enseñanza es cristiana. Sin embargo, la epístola es, sin duda, cristiana. Hace referencias a la fe de Cristo (1:1; 2:1), al nombre de Cristo (2:7), a la venida del Señor (5:7) y al reino del Señor (2:5). Existen claros paralelismos con la enseñanza ética de Jesucristo:

     (a) Las obras éticas como fruto (3:12).

     (b) La necesidad de hacer, y no sólo de oír (1:22).

     (c) La necesidad de la misericordia (2:13).

     (d) Los peligros de la riqueza material (5:1).

     (e) La importancia de la oración (5:16).

     (f) La necesidad de las obras como prueba de la auten­ticidad de la fe.


Tampoco faltan las semejanzas con la enseñanza apos­tólica:

     (a) La ley de la libertad (1:25; 2:12. Comp. con. Gál. 5:13).

     (b) La lista de virtudes (3:17. Comp. con Gál. 5: 22-23).

     (c Las alusiones a doctrinas típicamente cristianas, como la regeneración (1:18).



C) Ofrece un resumen de moralidad cristiana (3:17). Los atributos de "la sabiduría que es de lo alto" son clara­mente las cualidades deseables en todo creyente (vers. 13). Dicha sabiduría es: hagné (pura), eireniké (pacífica), epieikés (benigna, magnánima), eupeithés (tolerante, condescendiente, dócil), mesté eléus kai karpón agathón (llena de misericordia y de buenos frutos), adiákritos (imparcial, sin favoritismo, sin discriminación de personas) y anypokritos (sin hipocresía). Es como un resumen de la enseñanza de la epístola: la pureza es lo contrario del carácter de doble ánimo (1:8), e implica la sinceridad; el ser pacífico, amante de la paz, es lo contra­rio del espíritu de contienda y de envidia, condenado en 3:14-16; 4:11; la imparcialidad es el tema de 2:1-13; y la hipocresía es el tema de 2:14-26 y 1:22.


2.   Las epístolas de Pedro

Podemos distinguir en las epístolas de Pedro los siguien­tes aspectos éticos:

           A) Su base teológica. Desde el principio de su 1.a epís­tola, destaca la relación entre la doctrina y la ética: "Elegi­dos... para obedecer" (1:2). El cristiano obedece porque es hijo (1:14), y debe ser santo conforme al carácter de Dios su Padre (1:15-16). El amor fraternal es fruto de su obedien­cia a la verdad (1:22).


B') Los motivos éticos. Estos son:

     (a) El llamamiento divino a la obediencia (1Ped. 1:14-16), según la voluntad de Dios (2:15; 3:9).

     (b) El ejemplo de Cristo, principalmente en cuanto a la actitud frente al sufrimiento (2:21; 3:18; 4:1).

     (c) El motivo escatológico. El fin está cerca (1.a Ped. 4:7; 2.a Ped. 3:11-14); y, por tanto, los creyentes deben ser "sin mancha e irreprensibles", teniendo presente el juicio (1.a Ped. 1:17; 2.a Ped. 2:9).

     (d) El motivo de la recompensa: la bendición venidera (1.a Ped. 3:9; 4:13; 5:6).

     (e) Motivos espirituales actuales:  Para que la oración sea efectiva (1.a Ped. 3:7); para recibir la bendición de Dios (5:5); para vencer al diablo (5:8).

    (f) El testimonio ante los que se oponen al Evangelio (1.a Ped. 2:12-15; 3:1-16).



C) Maneras de agradar a Dios. Las principales son las siguientes:

     (a) Por la ayuda del Espíritu Santo (1.a Ped.  1:2-5).

     (b) Por medio de ciertas virtudes cristianas: la fe (1.a Ped. 1:5; 2.a Ped. 1:5), la esperanza (1.a Ped. 1:3) y el amor (1.a Ped. 1:8; 2.a Ped. 1:7), el cual recibe gran énfasis por parte de Pedro (1.a Ped. 1:22; 2:17; 4:8), especialmente en 1.a Ped. 3:8, donde se incluye la cualidad de tapeinóphrones (humildes = que tienen baja opinión de sí mismos, no "amables" o "amigables" como traduce nuestra R.V.), que se recomienda también en 5:5-6.

                  (c) Por el celo y la vigilancia (1.a Ped. 2:2; 3:13 —ze-lotai—; 2.a Ped. 1:5 comp. con vers. 11; l.aPed. 1:13; 2:16; 5:8-9; 2.a Ped. 3:14-17).



D) Virtudes características en las epístolas de Pedro:

     (a) hágioi en pase anastrophé (santos en todos los as­pectos de vuestra conducta; 1.a Ped. 1:15; 2.a Ped. 3:11).

     (b) abstenerse de los malos deseos de la carne (pureza; 1.a Ped. 2:11; 4:2-4).

     (c) nephontes, nepsate (sed sobrios, moderados; 1.a Ped. 1:13; 4:7; 5:8) y la enkráíeia (control de sí mismo, dominio propio, templanza; 2.a Ped. 1:6).

     (d) la generosidad, descrita en 1.a Ped. 4:9-11.

     (e) hypomoné = perseverancia paciente, constancia (1.a Ped. 2:20; 2.a Ped. 1:6).

     (f) agathopoiuntes = haciendo el bien (1.a Ped. 2:14-15-20; 3:6-11-17; 4:19) y arete (virtud; 2.a Ped. 1:5).

E') Ética social:

1) En el matrimonio (1.a Ped. 3:1-7), donde las relacio­nes entre los cónyuges se caracterizan por el honor y respeto mutuo.

2) Los siervos deben obedecer a sus amos (1.a Ped. 2:18).

3) Las autoridades merecen la sumisión y el honor (1.a Ped. 2:13-17), con lo que no descarta su propia actitud en Hech. 4:19; 5:29.

4) En la iglesia, todos tienen obligaciones unos para con otros (5:5): los ancianos, de cuidar de la grey y servir de ejemplo; los jóvenes, de sumisión (5:1-5. Nótese, con todo, que el verbo hypotásso, que tanto Pablo como Pedro emplean con frecuencia, indica una sumisión que no es sujeción, sino subordinación, conforme a la etimología del verbo griego). Esta sumisión es aplicable a todas las situaciones religiosas, familiares y sociales (1.a Ped. 3:1; 2:13-18; 5:5. Comp. con Ef. 5:21ss. Nótese aquí que todos los participios, desde el vers.   19,  dependen  del   "dejaos  llenar  del  Espíritu"   del vers. 18).


F) Los vicios condenados están comprendidos en 4 listas (1.a Ped. 2:1; 4:3-15; 2.a Ped. 2:10-12-19). Son vicios, ya especialmente de la lengua, frecuentes en los creyentes (1.a Ped. 2:1), ya de la carne (1.a Ped. 4:3; 2.a Ped. 2:10-12-19), ya propios de criminales y de entremetidos en cosas ajenas (1.a Ped. 4:15). Casi todos ellos son de los condenados tam­bién por Pablo.

3. La primera epístola de Juan

                  Juan centra sus ataques principalmente en los falsos maestros, "anticristos", de doctrinas gnósticas, según los cuales el conocimiento profundo de la deidad que sólo los "iniciados" pueden alcanzar, exime de toda preocupación por las normas morales. Contra esto, Juan enfatiza que quien alegue andar en la luz, ha de practicar la verdad me­diante una conducta santa, consecuente con la luz que posee, y que todo el que practica el pecado como hábito de conducta, no conoce a Dios, ni es de Dios, sino del diablo (3:6-9, así como 1:6; 2:4-6).


A) Base doctrinal:

     (a) La regeneración espiritual. La marca del hombre nacido de nuevo es la justicia (2:29; 3:9; 5:18) y la comu­nión con Dios (1:6).

     (b) El estar en Cristo. La conformidad con el ejemplo de Cristo es a la vez el resultado (3:24) y la obligación (2:6) del que está en Cristo.

     (c) La esperanza escatológica exige la pureza, a imi­tación de Jesús (3:3).


B) Las normas de conducta:

     (a) La voluntad de Dios (2:17), expresada en sus man­damientos (2:3; 3:22; 5:2-3; también en 2.a Jn. vers. 6), de los que Juan propone el resumen más completo de todo el N.T. en 3:23 "Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado" (FE Y AMOR SON LA BASE DE TODA LA ÉTICA CRISTIANA).  Juan hace un énfasis especial en el amor, con un pragmatismo tremendo, propio del gran evangelista teólogo del N. Testamento, que sabe des­cender al detalle concreto de la vida cotidiana (2:7-10; 3:14-18; 4:20-21).

     (b) El ejemplo de Cristo (2:6; 3:16; 4:11).



C) Los vicios que se han de evitar especialmente son:

     (a) la mundanidad (2:15-36).

     (b") el odio (3:15).


4.   La epístola a los hebreos



En esta epístola, que la Tradición atribuye a Pablo, del cual quizá son las ideas, y especialmente el cap. 13, pero que parece redactada en su mayor parte por un escritor elo­cuente, de estilo brillante, metódico y acompasado (impropio de Pablo), como pudo ser, por ej. Apolo, vamos a considerar brevemente sus aspectos éticos en cuanto a:


A'") Los pecados condenados. Hebreos amonesta de ma­nera especial contra el rechazo voluntario del mensaje de sal­vación (caps. 2 y 3) y contra la apostasía (6:4-8; 10:26-29), subrayando la gravedad del pecado voluntario después de haber adquirido un suficiente conocimiento de la verdad."0 El cristiano debe despojarse del peso del pecado (12:1), evi­tando el brote de raíces amargas de espíritu profano (12:15-16), así como la fornicación y el adulterio (13:4). La amones­tación clave se centra contra la incredulidad (3:12).

B'") Las virtudes recomendadas: La fe (6:12; 10:22-39; todo el cap. 11); el amor (6:10; 10:24; 13:1), el cual se manifiesta en la práctica de la hospitalidad (13:2) y en la ayuda mutua (13:16); la perseverancia (10:36; 12:1-4) y la paciencia (6:12); la paz y la santidad (12:14); el valor espiritual o audacia para hablar familiarmente cara a cara, expresado en el término griego parrhesía (4:16; 10:35. Pa­blo suele usarlo para expresar la osadía firme y valiente para decir la verdad); el contentarse con lo que se posee (13:5).31 C") Los motivos éticos: El agradar a Dios (12:28; 13: 16-21), teniendo en cuenta Su ira (10:29-31; 12:28-29) y el ejemplo de Jesucristo (12:2-3; 13:12-13).32