sábado, 4 de junio de 2011

DEFINIENDO NUESTRA ÉTICA CRISTIANA


Hoy en día vivimos en un mundo que no tiene claro lo que es bueno y lo que es malo. Un mundo que cree que lo que es bueno para unos, no necesariamente tiene que ser bueno para todos los demás. Un mundo donde todo es relativo. Las cosas son buenas dependiendo de sí me convienen o no. En caso contrario son malas. Lo cierto, es que es en este mundo en el cual se están desarrollando los niños y jóvenes de nuestras congregaciones y la iglesia está siendo influenciada fuertemente por este tipo de filosofía. Por otro lado, la iglesia está cargada de estereotipos donde dice que algo es bueno o malo en virtud tradiciones y no en convicciones bíblicas.
Ante este oscuro panorama, la iglesia está urgida de líderes que tengan claras convicciones de lo que creen, con bases bíblicas, líderes que definan su ética no basados en tradicionalismo evangélico y aún menos en el relativismo secular, sino más bien, que definan lo que crean basándose en los principios de Dios que encontramos en las Sagradas Escrituras. Esto especialmente, es importante en aquellos que trabajamos con adolescentes y jóvenes, dado la necesidad de estos de cuestionar las convicciones que han sido transmitidas por sus padres y maestros durante la niñez, para formar su propio sistema de valores y de creencias en la búsqueda de su propia identidad para su desarrollo como ser humano.
Menciono dos leyes que considero definen la ética cristiana:
  1. Ley de la Naturaleza Divina. "Yo soy la Verdad" (Jn 14:6) Dios sabe lo que es mejor para nosotros, y todo lo que proviene de Dios es bueno Existe un Absoluto, y ese es Dios. Dios es el único que tiene la Verdad, sólo por medio de Él, el hombre puede conocer lo que es bueno. Dios nos hizo a su imagen y semejanza, y quiere que seamos moralmente como Él es.
  2. Ley del Teocentrismo. "Hacedlo todo para la gloria de Dios" (1 Co 10:31) Dios debe ser el centro de nuestras acciones y de nuestras vidas. Dios debe ser el centro en nuestro hogar, trabajo, estudios, etc. Debemos buscar honrarlo en todo lo que hacemos. Lo honramos al vivir correctamente, conforme a lo que nos lo ha revelado en las Sagradas Escrituras. O damos gloria a Dios con nuestra forma de vivir o estamos cayendo en la idolatría.
Estas leyes son la norma cristiana, pero, hay muchos casos en los cuales no tenemos claridad y debemos analizar detenidamente si ciertas acciones son puras tal como Dios es puro y si glorifican a Dios; para esto, pueden ayudarnos los siguientes principios:
  1. Principio de la conveniencia. "Todo me es lícito, pero no todo conviene"
    (1 Co 10:23). En este caso no es la conveniencia tal como la ve el mundo. El asunto es: si la acción que me es permitida, es conveniente para aquellos que son templo del Espíritu Santo. La pregunta que debemos hacer es ¿Esto perjudica mi cuerpo? ¿Puede llevarme a hacer algo que no sea correcto? En otras palabras, ¿Me conviene como creyente?.
  2. Principio de la selección positiva.
    "Examinadlo todo; retened lo bueno
    "
    1 Ts 5:21. Debemos examinar detalladamente todas las cosas. Hay muchas cosas que son buenas dentro de los límites correctos. Debemos evaluar toda filosofía y tomar lo bueno que tengan, hay cosas que podemos tomar de ellas dándoles una nueva interpretación dentro del marco del cristianismo. Los apóstoles usaron conceptos de la filosofía de su época pero los reinterpretaron a la luz de las Escrituras. Además, debemos evaluar los conceptos que nos tramiten los medios de comunicación y la cultura en la cuál nos desenvolvemos, muchos de ellos serán acordes a los valores del Reino de Dios y debemos retenerlos; pero, otros sencillamente deben ser desechados por su incompatibilidad con los principios del cristianismo.
En estos tiempos es un reto para todos aquellos que hemos sido llamados a servir en la iglesia formando en los jóvenes valores y principios cristianos. Necesitamos tener muy claras convicciones de lo que creemos para así poder enseñar a las nuevas generaciones a pensar y a cuestionar los valores y principios que regirán sus vidas.

 

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