viernes, 26 de noviembre de 2010

CÓMO PASAR UN DÍA EN ORACIÓN

Aprovéchese del más grande privilegio de este lado del cielo. Jesucristo murió para hacer posible esta comunión y comunicación con el Padre.

    Billy Graham


 

La oración es una cosa poderosa, pues Dios se ha aferrado a ello.

    Martín Lutero


 

Conocer a Dios no se logra a la carrera. Él no otorga sus dones en un casual y apresurado ir y venir. Estar mucho más con Dios es el secreto de conocerlo y de la influencia con él.

    E. M. Bounds


 

CÓMO PASAR UN DÍA EN ORACIÓN

    Por Lorne C. Sanny


 

"Nunca pensé que un día pudiera hacer tal diferencia," me dijo un amigo. "Parece que mi relación con todos mejoró."


 

"¿Porqué no hacerlo más frecuentemente?"


 

Comentarios así vienen de aquellos que apartan un Día personal de oración.


 

Con tantas actividades—las importantes—reclamando nuestro tiempo, la oración verdadera se considera más un lujo que una necesidad. ¡Cuanto más lo es el pasar un día en oración!


 

La Biblia nos da tres guías de tiempo para la oración personal. Está el mandato de "orar sin cesar"—el espíritu de oración. Mantenerse en armonía con Dios para que podamos levantar nuestros corazones en búsqueda o alabanza, en cualquier momento del día.


 

También está la práctica de un tiempo de quietud o de contemplación matutina—vista en la vida de David (Salmo 5:3), de Daniel (6:10) y del Señor Jesús (Marcos 1:35). Este momento diario que se especifica por la meditación en la Palabra de Dios y la oración es indispensable para el crecimiento de un cristiano sano.


 

Después, hay ejemplos en la Escritura sobre tiempos extendidos que se dan para orar a solas. Jesús pasó noches enteras orando. Nehemías oró "algunos días" para escuchar de los problemas de Jerusalén. Moisés pasó 40 días y 40 noches a solas con Dios tres veces.


 

Aprendiendo de Dios


 

Creo que fue en estos momentos especiales de oración que Dios hizo conocer sus caminos y sus planes a Moisés (Salmo 103:7). El le permitió a Moisés mirar a través de una grieta en el muro y ganar enseñanzas especiales, mientras los israelitas promedio solamente vieron los hechos de Dios conforme se desarrollaban día a día.


 

Una vez le comenté a Dawson Trotman, fundador de Los Navegantes, "Me impresionas como alguien que siente que es un hombre de destino, uno destinado a ser usado por Dios."


 

"No creo que así sea," contestó, "pero sé esto. Dios me ha dado algunas promesas que yo sé que cumplirá." Durante años anteriores, Daws pasaba incontables tiempos largos a solas con Dios, y creció la obra de los Navegantes por ello—no por métodos o principios, sino por las promesas de la Palabra dadas a él.


 

En mi propia vida, uno de lo factores más refrescantes y estabilizadores, así como los medios para una nueva dirección y confirmación de la voluntad de Dios, ha sido estos tiempos extendidos de oración—en el parque del vecindario de Seattle, sobre un monte detrás de la sede de los Navegantes en el sur de California, o afuera en el Jardín de los Dioses, aquí en Colorado Springs.


 

Estos tiempos especiales de oración llegan a ser puntos de anclaje en nuestra vida, tiempos cuando usted "pone un palo" como marca y continúa desde ahí. Su tiempo de quietud diario es más efectivo conforme ore dentro de la realidad del "día a día", algunas de las cosas que el Señor hable a su corazón en tiempos largos de oración. De hecho, el tiempo de quietud es el fundamento para "orar sin cesar," pasando el día en comunión con Dios.


 

Tal vez, usted no ha pasado un tiempo largo en oración porque no ha reconocido la necesidad de ello. O tal vez, no está seguro de lo que haría con un día entero en sus manos, sólo para orar.


 

¿Para qué un día de oración?


 

¿Para qué sacar este tiempo de una vida ocupada? ¿De qué sirve?

1. Para una comunión extendida con Dios—más allá de sus devocionales matutinos. Simplemente estar con Dios y pensar en él. Dios nos ha llamado a la comunión de su Hijo Jesucristo (1 Corintios 1:9). Como muchas relaciones personales, esta comunión se nutre por el tiempo que se pasa juntos. En especial, Dios toma nota de los tiempos cuando su pueblo habla de él y piensa en su Nombre (Malaquías 3:16).


 

2. Para una perspectiva renovada. Como volar sobre el campo de batalla en un avión de reconocimiento, un día de oración provee la oportunidad para pensar en el mundo, desde el punto de vista de Dios. Especialmente, necesitamos esta perspectiva cuando se pasa por una dificultad, para afilar nuestra visión de lo invisible y permitir que las cosas urgentes y tangibles se acomoden en el lugar apropiado. Nuestras defensas espirituales se fortalecen mientras "no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible . . . que . . . es eterno." (2 Corintios 4:17, 18).


 

3. Para recobrar el tiempo de intercesión. Hay amigos y familiares no cristianos para traer al Señor, los misioneros en distintos campos, nuestros pastores, vecinos y conocidos cristianos, nuestros líderes gobernantes—para nombrar unos pocos. Influenciar a la gente y cambiar los eventos mediante la oración es bien conocido entre los cristianos pero muy poco practicado. Y conforme los tiempos se ponen más serios alrededor nuestro, necesitamos reconsiderar el valor de la oración personal, tanto para realizar cosas, como para evitar los tiempos difíciles.


 

4. Para considerar en oración nuestras vidas delante del Señor—inventario y evaluación personal. Especialmente, usted querrá tomar un día de oración cuando enfrenta decisiones importantes, así como periódicamente. En tal día, usted puede evaluar donde está en relación a sus metas, y obtener dirección del Señor mediante su Palabra. Las promesas están ahí para usted y para mí, justo como lo estuvieron para Hudson Taylor, Jorge Mueller o Dawson Trotman. Y es en los tiempos a solas con Dios que Él da una seguridad interna de sus promesas para usted.


 

5. Para una preparación adecuada. Nehemías, después de pasar "algunos días" buscando al Señor en oración, fue llamado delante del rey. "Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place al rey . . ." —y él bosquejó su plan (Nehemías 2:4, 5). Después, en el versículo 12 él dice, "me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén . . ." ¿Cuándo puso Dios este plan en su corazón? Creo que fue cuando ayunó, oró y esperó en Dios. Entonces, cuando vino el día, él estaba listo.


 

Escuché a un muchacho pedirle a un piloto si no había que pensar rápido para aterrizar su avión cuando algo estaba mal. El piloto dijo que no, todo el tiempo usted sabe donde lo aterrizaría si algo estuviera mal. Uno lo piensa de antemano.


 

Así que en nuestra vida cristiana, si Dios nos ha dado algunos planes y propósitos en esos tiempos a solas, estaremos listos para entrar a ello correctamente, cuando aparezca la oportunidad. No tendremos que decir "No estoy preparado." La razón de porqué muchos cristianos están como muertos a las oportunidades no es porque no están mentalmente alertas, sino que no están simplemente preparados de corazón. La preparación se realiza cuando estamos a solas con Dios.


 

Orar sobre la base de la Palabra de Dios


 

Daniel dijo (9:2-4) "En el año primero del reinado (de Darío), yo Daniel miré atentamente en los libros... que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión . . ."


 

Él entendió por los libros lo que iba a venir. ¿Cuáles libros? Las Escrituras que tenía disponibles en aquellos días. Y como resultado de ser expuesto a la Palabra de Dios, oró. Se ha dicho que Dios propone, y por tanto él promete. Y podemos agregar, "Por tanto yo oro las promesas, para que los propósitos de Dios puedan ser realidad." Dios propuso hacer algo, y lo prometió, por tanto Daniel oró. Ésta fue su parte en completar el circuito, como un circuito eléctrico, para que el poder pudiera fluir.


 

Su día a solas con el Señor no es un asunto de sentarse en una roca como aquella estatua El Pensador y tomar cualquier pensamiento que venga a su mente. Eso no es seguro. Debería ser un día para exponerse a la Palabra de Dios, y entonces su Palabra le guía a la oración. Terminará el día peor de lo que empezó si todo lo que hace es quedarse en la introspección, pensando en sí mismo y en sus propios problemas. No es su propia estimación lo que cuenta, de todas maneras. Es la estimación de Dios. Y él le revelará su estimación hacia usted, por el Espíritu Santo, mediante su Palabra, la Biblia abierta. Y entonces, la Palabra lleva a la oración.


 

Cómo hacerlo


 

¿Cómo hacerlo? Al haber escogido un día o porción de un día para la oración, aliste un almuerzo y embárquese. Encuentre un lugar donde pueda estar a solas, libre de distracciones. Puede ser un bosque o parque cerca de casa, o su patio. Es excelente un lugar al aire libre si lo puede encontrar; pero no se desvíe en el estudio de la naturaleza perdiendo su tiempo. Si se encuentra observando las ardillas u hormigas, dirija su observación al leer el Salmo 104 y meditar sobre el poder de Dios en la creación.


 

Lleve una Biblia, un cuaderno y lápiz, un himnario y tal vez un libro devocional. Me gusta llevar conmigo el folleto Power Through Prayer (El poder mediante la oración) por E. M. Bounds y leer un capítulo o dos como un desafío al valor estratégico de la oración. O a veces, tomo Words to Winners of Souls (Palabras para los ganadores de almas) de Horatius Bonar, o una biografía misionera como Mountain Rain (Lluvia en las montañas) por J.O. Fraser en el interior de la China.


 

Aun si tiene todo el día, querrá utilizarlo bien. Entonces no pierda tiempo iniciándolo, y empiece intencionalmente.


 

Esperar en el Señor


 

Divida el día en tres partes: esperando en el Señor, la intercesión por otros y oración por uno mismo. Emplee la primera parte para esperar en el Señor. No se apure. No va a dar en el blanco, si busca alguna experiencia mística o extática. Simplemente busque al Señor, espere en él. Isaías 40:31 promete que los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas. El Salmo 27:14 es uno de las docenas de versículos que mencionan esperar en él. El Salmo 62:5 dice, "Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi esperanza."


 

Primeramente, espere en él para reconocer su presencia. Lea un pasaje como el Salmo 139, tomando la verdad de su presencia en su vida, mientras lee cada versículo. Medite en la imposibilidad de estar en algún lugar del universo donde no está él. A menudo, somos como Jacob cuando dijo, "En realidad, el Señor está en este lugar, y yo no me había dado cuenta."

(Génesis 28.16b)


 

Espere en él, para que lo limpie. Los dos últimos versículos del Salmo 139 le conducen a esto. Pídale a Dios que escudriñe su corazón como sugieren estos versículos. Cuando escudriñamos nuestros propios corazones, esto puede conducirnos a imaginar cosas o tener introspección morbosa o cualquier cosa que el enemigo querrá tirar delante de nosotros. Pero cuando el Espíritu Santo escudriña, le llamará la atención en lo que debe confesarse y limpiarse. Los Salmos 51 y 32, las canciones de David de confesión y acción de gracias, le ayudarán. Quédese en la posición firme de 1 Juan 1:9 y reclame la fidelidad de Dios para perdonar cualquier cosa específica que confiesa.


 

Si se da cuenta que ha pecado en contra de un hermano, apúntelo para no olvidarse de arreglarlo. Si no, el resto del día será perjudicado. Dios no le va a hablar si hay algo entre usted y otra persona que no ha planeado solucionar lo más pronto posible.


 

Conforme usted espera en Dios, pídale poder concentrarse. No ande en la luna.


 

Después, espere en Dios para adorarle. Siga las porciones maravillosas de los Salmos 102 y 104, conforme alaba al Señor por la grandeza de su poder. La mayoría de los Salmos son oraciones, y no hay mejor manera para orar escrituralmente que orar la Escritura. El Libro de los Salmos termina con himnos triunfales de alabanzas al Señor. O vaya a Apocalipsis, capítulos 4 y 5, y úselos en su alabanza a él.


 

Si trajo un himnario puede cantar al Señor. Algunos himnos maravillosos han sido escritos para expresar en palabras lo que apenas expresemos nosotros mismos. Tal vez no cante muy bien—entonces asegúrese que nadie lo escucha y cante al Señor. Él lo apreciará.


 

Esto, naturalmente, le conducirá a dar acción de gracias. Reflexione sobre las maravillas que Dios le ha hecho y dé gracias por ellas—por su propia salvación y bendiciones espirituales, por su familia, amigos, las oportunidades. Vaya más allá de lo que usted da gracias a Dios diariamente, y tome tiempo para expresarle su gratitud por las cosas incontables que le ha dado.


 


 

Intercesión por otros


 

Ahora es tiempo para una oración menos apurada y más detallada por otros que la que normalmente usted hace. Acuérdese de otra gente, además de ellos por quienes usualmente ora. Trace su camino alrededor del mundo, intercediendo por personas en los diferentes países.


 

Aquí hay tres sugerencias en cuanto a qué orar:


 

Primero, pida cosas específicas para ellos. Tal vez se acuerda o tiene anotadas las necesidades que varias personas han mencionado. Use peticiones de cartas circulares misioneras. Ore por fuerza espiritual, coraje, vigor físico, agilidad mental, y otras cosas. Imagínese en las situaciones donde está esa gente e interceda según requiera.


 

Segundo, busque algunas de las oraciones en las Escrituras. Ore lo que Pablo oró por otros en el primer capítulo de Filipenses y Colosenses, y en el primer y tercer capítulos de Efesios. Esto le ayudará a avanzar en sus oraciones del nivel de "Señor, bendiga a fulano y ayúdalo a hacer las cosas."


 

Tercero, pida para otros lo que usted está pidiendo para sí. Desee para ellos lo que el Señor le ha mostrado a usted.


 

Si usted ora un cierto versículo o promesa de la Escritura para una persona, querrá poner una referencia por su nombre en su lista de oración y usar este versículo, la próxima vez, mientras ora por esa persona. Después, úselo para una acción de gracias, conforme vea la respuesta del Señor.


 

Oración por sí mismo


 

La tercera parte de su día será la oración por sí mismo. Si usted está enfrentando una decisión importante, podría querer poner esta parte antes que la oración por otros.


 

De nuevo, permita que su oración sea influenciada por la Escritura y pídale al Señor entendimiento, según el Salmo 119:18. Medite en versículos de la Escritura que haya memorizado o promesas de la Palabra por las que haya clamado previamente. Leer un libro entero de la Biblia, tal vez en voz alta, es una buena idea. Considere cómo pudiera aplicarse a su vida.


 

En la oración por usted mismo, 1 Crónicas 4:10 es un buen ejemplo a seguir. Jabes oró, "¡Oh si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras del mal, para que no me dañe!" Eso es oración por su vida personal, su crecimiento, su trabajo, por la victoria sobre el pecado. Jabes oró según la voluntad de Dios y Dios tomó en cuenta su petición.


 

"Señor, ¿qué piensas de mi vida?" es la actitud de esta porción de su día de oración. Considere sus objetivos principales a la luz de lo que sabe que es la voluntad de Dios para usted. Jesús dijo, "...Mi comida es hacer la voluntad del que me envió, y que acabe su obra." (Juan 4:34). ¿Quiere hacer la voluntad de Dios más que cualquier otra cosa?


 

Entonces considere sus actividades—lo que hace—en el contexto de sus objetivos—su uso del tiempo, el horario, y cosas por el estilo. Dios puede hablarle sobre arreglar su horario, cortar algunas actividades que son buenas pero no las mejores, o algunas cosas que son enredos o impedimentos para progresar. Despójese de ellas. Usted puede sentirse culpable sobre cómo pasa sus noches o sobre desperdiciar los sábados, cuando podría usar el tiempo para aventajarse y aún, obtener la recreación que usted necesita.


 

Así que escriba sus pensamientos sobre esto y planee en su cuaderno para el uso de su tiempo. Tal vez, la necesidad para una mejor preparación para su clase de escuela dominical o una visita personal con un individuo vendrá a su mente. O el Señor puede llamar su atención para hacer algo especial por alguien. Haga nota de ello.


 

Durante esta parte de su día, traiga cualquier problema o decisión que esté enfrentando y busque la opinión de Dios al respecto. Sirve enlistar los factores involucrados en la decisión o en seguir un cierto curso de acción. Ore por ellos y busque guianza en las Escrituras. Usted puede ser guiado a una promesa o dirección de los pasajes con los cuales ya ha llenado su mente durante el día.


 

Después de la oración, puede llegar a algunas conclusiones definitivas sobre las cuales pueda basar convicciones firmes. Termine con algunas conclusiones y dirección específica—algunos "palos puestos"—debería ser su meta para un día de oración. Sin embargo, no se desanime si este no es su caso. Podría no ser el tiempo de Dios para una respuesta conclusiva a su problema. Y usted puede descubrir que su necesidad real no era conocer el próximo paso, sino tener una nueva revelación de Dios mismo.


 

Al buscar promesas para adueñarse no hay necesidad de pasar las páginas buscando otras nuevas e impresionantes, necesariamente. Tan sólo empiece con aquellas que ya conoce. Si usted ha pasado el Sistema de Memoria Temático, empiece por meditar en los versículos de la sección sobre Confiar en los recursos de Dios. Mastique algunas viejas promesas que el Señor le haya dado antes y que le sean familiares, aquellas que recuerda mientras las trae a la mente. Ore respecto a la aplicación de ciertos versículos a su vida.


 

He descubierto que algunas de las más grandes bendiciones vienen sencillamente de un nuevo entendimiento de las promesas que ya conozco. Y las promesas que le son familiares pueden llevarle a otras. La Biblia está llena de ellas.


 

Usted querrá marcar o subrayar en su Biblia las promesas que el Señor da durante estos tiempos extendidos a solas y poner la fecha y una palabra o dos en el margen junto a ellas. (Sea cuidadoso con lo que usted marca—tinta de calidad es la mejor, o ciertas clases de lapicero.)


 


 

Dos preguntas contestadas


 

La variedad es importante durante su día de oración. Lea un rato, ore un tiempo, después, camine un poco. Un amigo mío camina por su cuarto en su tiempo de oración. En vez de mecerse en una sola posición, dé un paseo y estírese. Haga algo variado.


 

En cuanto llegan a su mente ideas externas, sencillamente incorpore esos itemes en su oración. Si es un asunto de negocios del que usted no debe olvidarse, apúntelo. ¿Se ha percatado de cuantas cosas le vienen a la mente mientras está sentado en la iglesia? Será natural que le ocurran cosas durante su día de oración, las cuales hubiera hecho, así que apúntelas, ore por ellas y planee el tiempo de cuando y cómo puede encargarse de ellas. No las ponga simplemente a un lado, pues van a molestarle el resto del día.


 

Al final del día, resuma en su cuaderno los pensamientos que Dios le ha dado. A la postre, será de provecho para su referencia.


 

El resultado de su día de oración debe ser esas respuestas a las dos preguntas que Pablo hizo en el camino a Damasco (Hechos 9:5, 6). Su primera pregunta fue "¿Quién eres Señor?" Usted estará buscando conocerlo para saber quien es. La segunda pregunta, "Señor, ¿qué quieres que yo haga?" debe ser contestada o reconfirmada en aquella parte del día cuando usted, sin apuros, busca la voluntad de Dios para usted.


 

No piense que es menester terminar el día con algún nuevo descubrimiento o experiencia extraordinaria. Espere en Dios y expóngase a su Palabra. Buscar una nueva experiencia o percepción clara que usted puede compartir con alguien, cuando vuelva de su retiro, lo hará desviarse. Es cierto, usted puede ganar alguna nueva perspectiva, pero a menudo esto sólo puede quitar su atención del objetivo principal. La prueba de tal día no es cuan emocionado estemos cuando el día termine, sino cómo funciona en la vida del mañana. Si realmente nos hemos expuesto a la Palabra y entrado en contacto con Dios, esto hace algo por nosotros para la vida diaria.


 

Los días de oración no aparecen de la nada. Además de los intentos de nuestro enemigo Satanás para alejarnos de la oración, el mundo a nuestro alrededor tiene mucho que ofrecer para llenar nuestro tiempo. Así es que tenemos que tomarnos el tiempo. Planea por adelantado el primer día de cada mes de por medio, o una vez por cuatrimestre.


 

¡Que Dios le bendiga conforme hace esto—y hágalo pronto! Probablemente, usted también se preguntará, "¿Porqué no más a menudo?"


 


 


 

Por Lorne C. Sanny, Cómo pasar un día en oración, NavPress, derechos reservados, usado con permiso.

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